Día 51/365

Una foto publicada por Siroko 365 (@siroko365) el

Día 51/365. Le dejas crecer las crines a la yegua de tu hijo para que, al verla galopar, quede cual caballo salvaje con melena al viento y, de un momento a otro, al equino le da por revolcarse en un lugar que no debía revolcarse y su melena se llena de espinas y cardos de tal manera que es imposible peinarlo y desenredarlo. No queda otra que aplicar tijera y raparle aquello que tanto habías cuidado. En la vida familiar, sucede algo similar con los hijos si llegasen a aparecer piojos en la cabeza de alguno de ellos. Por suerte y a pesar de que el colegio está lleno de niños apestados con tal bichito, por aquí la vamos zafando. En último término, es pelo y vuelve a crecer. Moraleja: cuida dónde y cómo te revuelcas :D

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