Día 52/365

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Día 52/365. Pasaron ya 30 años y aun así, cada vez que estoy en el campo, me es imposible no revivir momentos de mi niñez que afloran desde los recuerdos guardados en el corazón. En ese “tanque australiano”, que antes lucia con sus paredes blancas, su escalerilla color terracota, su agua cristalina y de color azulado, rodeado de un tupido y reluciente césped que invitaba a revolcarse, pasábamos las tardes de verano junto a mi hermano Carlos, tratando de combatir el calor. ¡Era muy divertido! y más cuando sabíamos que un estanque destinado para el consumo de agua animal, los meses de calor, se transformaba en la mejor piscina del mundo. Hoy, el césped ya no está, las pinturas se han decolorado, el agua luce oscura y con un tono verdoso producto de la acumulación de algas, ya casi no hay animales que hagan uso del mismo; nadie lo limpia, nadie lo mantiene, y sin embargo, el recuerdo del chapotear y sumergirse allí adentro, aflora instantáneamente como si hubiese sido ayer. Es lo hermoso de los buenos recuerdos.

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