Día 53/365

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Día 53/365. Otra vez vuelvo a hablar del cigarrillo. ¡Qué reverenda mierda! ¡Qué difícil es dejarlo! En la silla que se ve ahí, se sentaba todas las tardes un señor alto y canoso a disfrutar del atardecer y del canto de los pájaros. En su cotidiano día, sentarse allí era el consuelo hecho colores del horizonte, de saberse vivo. En un ahogo desesperado, le diagnosticaron EPOC grado 4, avanzado, progresivo e irreversible. Hoy ya no puede sentarse más allí. Hoy vive en la ciudad, entre cuatro paredes, conectado a una máquina de oxígeno que le da fuerza a sus pulmones. Todo por el maldito y puto cigarrillo. Lo más triste de todo, es que ese señor alto y canoso, es mi padre. Más triste aun, es saberlo así y no poder hacer nada, ni siquiera, tener las fuerzas y la voluntad de dejar esta maldita dependencia a un veneno que poco a poco te mata. Si tú fumas y puedes, ¡DÉJALO!

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