Nos llaman locos por madrugar, pedalear con calor, y renunciar a planes por montar en bici. Critican nuestras ganas de superarnos, de estar solos y alejarnos del ruido. Dudan de nuestra cordura cuando seguimos pedaleando al límite, incluso cuando el cuerpo dice basta. Pero al final, cuando llegamos, entendemos que sí… estamos locos. Y qué bendita locura.
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Probando
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Ey
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