Cómo el ciclismo cambia tu cuerpo, por dentro y por fuera

Cuando practicamos ciclismo se producen una serie de cambios en nuestro cuerpo. Unos se manifiestan exteriormente como puede ser la pérdida de peso y el crecimiento muscular en las piernas, y otros no los vemos, pero los sentimos, por ejemplo dormir mejor. Varios estudios (1, 2) han demostrado que las personas que montan en bici al menos 30 minutos al día tienen más esperanza de vida que los que no hacen ejercicio. El motivo es una serie de transformaciones internas que ahora vamos a describir:

Efectos internos del ciclismo en nuestro cuerpo

Nuestra salud cardiovascular mejora. El corazón se hace más fuerte y grande consiguiendo ser más eficiente en los esfuerzos y en reposo. La menor frecuencia cardiaca unida a la bajada en la presión arterial reduce el riesgo de ataque cardíaco. El aumento de la capacidad pulmonar hace que respiremos mejor. Tardamos más en cansarnos porque nuestros músculos se oxigenan mejor porque la sangre transporta más oxígeno más rápido al músculo y se lleva rápidamente el dióxido de carbono producto de la combustión de energía. 

Las mitocondrias de nuestras células son las encargadas de transformar los carbohidratos, las grasas y las proteínas en energía. Cuando andamos en bici le decimos a nuestro cuerpo que necesitamos energía y esto hace que produzca más mitocondrias para dárnosla. Con un plan de entrenamiento los músculos trabajarán de forma más eficiente adaptando las fibras musculares y sus mitocondrias a lo que les exigimos.

Al comienzo del artículo hablábamos de que nuestra calidad del sueño mejora cuando practicamos ciclismo. Por un lado está claro que el ejercicio cansa. El cuerpo necesita recuperarse y lo hace cuando dormimos. La reducción de los niveles de cortisol (estrés) que nos produce andar en bici también ayuda a que conciliemos el sueño. La vitamina D que producimos cuando nos da el sol es fundamental para tener un buen estado de ánimo y dormir bien. En un estudio de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford vieron que andar en bicicleta durante 20 a 30 minutos al día ayudaba a las personas con insomnio a conciliar el sueño más rápido y a aumentar su tiempo de sueño en casi una hora. 

El sistema inmunológico también sale beneficiado de nuestro uso de la bicicleta. Con un corazón y unos pulmones sanos, durmiendo bien y con una buena salud mental es más fácil combatir y superar enfermedades e infecciones. Pero el cambio interno es más profundo. Seguro que has oído hablar de las células T a raíz de la pandemia de la COVID-19. Son unos linfocitos muy especiales que juegan un papel muy importante en la capacidad de nuestro sistema inmunológico para adaptarse a nuevas infecciones. Pues en este estudio vieron que ciclistas adultos (entre 55 y 79 años) tenían más células T que personas de la misma edad que no hacían ejercicio. Y además las producían en niveles similares a los de adultos de 20 años.

Otros beneficios de andar en bici son: 

Reduce y previene el dolor de espalda. Fortalecemos la musculatura de la espalda, sobre todo la zona lumbar, y protegemos la columna vertebral.

Nuestra tasa metabólica aumenta. Por eso andar en bici (cualquier ejercicio en realidad) nos da hambre.

Eliminamos líquido gracias al movimiento de las piernas al pedalear, pero también porque nuestro cuerpo se activa, la sangre fluye más rápido, sudamos y vamos drenando todo el líquido que retenemos.

Efectos externos del ciclismo en nuestro cuerpo

La pérdida de peso y el fortalecimiento y/o aumento de los músculos de las piernas y glúteos, son los dos cambios externos más importantes que el ciclismo produce en nuestro cuerpo.

En lo relativo al peso no hay que volverse loco. Lo primero es empezar a andar en bici, aunque solo sea ir al trabajo o dar un paseo de 30 min. Superar la inactividad y coger el hábito ya supone un esfuerzo. Si te impones bajar de peso de forma rápida con alguna dieta de moda estás tomando un “atajo hacia la obesidad”.

Andar en bici ayuda a perder peso, pero dar pedales no obra milagros como tampoco lo hacen las dietas llamadas de igual forma. Lo que comes importa mucho, más que lo que andes en bici. El ejercicio diario junto con unos hábitos alimentarios saludables son la mejor fórmula no solo para conseguir perder peso poco a poco, sino también tener una buena salud en general. Además, cuidado con la báscula que solo ofrece números y no dice en qué consiste ese peso, si es grasa, si es músculo, si es líquido o si es glucógeno almacenado.

El cambio en el peso depende de dónde empieza cada persona y del tipo de ejercicio que esté realizando (menor o mayor intensidad y duración). Si simplemente practicas ciclismo por diversión o andas en bici como medio de transporte lo más seguro es que tras un tiempo ni te des cuenta del cambio físico, pero gente que hacía tiempo que no veías te dirá que se nota la bajada de peso. La constatación definitiva es que la familia intenta cebarte cuando la visitas. 

Si ya eres ciclista puede que notes que te has estancado o que incluso hayas subido de peso. Cambia de modalidad para sacar a tu cuerpo del círculo de confort. Haz entrenamientos de intensidad con intervalos. Así cada día será diferente al resto y obligas a tu organismo a nuevas adaptaciones y mejoras.

¿Me tendré que comprar pantalones para mis nuevas piernas? Depende de cómo andes en bici, del tipo de entrenamiento y del tipo de pantalones que uses. Si te fijas en los profesionales verás que todos tienen piernas de ciclista, pero cada uno tiene un desarrollo muscular distinto. Las piernas de Chris Froome no tienen nada que ver con las piernas de un ciclista de pista de velocidad que tiene que comprar pantalones a medida por su enorme desarrollo muscular fruto del trabajo en el gimnasio.

Una persona que se desplaza con la bici notará que sus piernas se afinan y se tonifican. Un ciclista normal tendrá los músculos principales de las piernas más desarrollados porque son los que más usa encima de la bici. Glúteos, gemelos y cuádriceps sobre todo. Algo menos los aductores, los isquiotibiales y el soleo. Según sean tus entrenamientos y lo que hagas en el gimnasio tendrás más o menos musculatura en las piernas. 

Es importante tener en cuenta que con el ciclismo aumentan los músculos de las piernas y los glúteos, pero no de otras partes del cuerpo. Por eso es importante trabajar otros grupos musculares. No con el propósito de hipertrofiar y aumentar su volumen, pero sí para mantener un equilibrio en todo nuestro cuerpo y no perder tono y fuerza en la parte superior.

El desequilibrio muscular es uno de los efectos “negativos” de la práctica del ciclismo. Si quieres conocer unos cuantos más sigue leyendo el próximo artículo porque te vamos a contar, con un poco de humor, algunos de esos cambios no tan positivos en tu cuerpo y nuestros consejos para combatirlos de la mejor forma posible. 

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