Abanicos: Luchando contra el viento de costado

El nombre de uno de los chalecos cortavientos para ciclismo de Siroko, el modelo Crosswind (viento de costado), nos sirve de excusa para hablar de una de las formaciones más características del ciclismo: Los abanicos. Un movimiento táctico espectacular y bonito visto desde el sofá, pero una verdadera tortura para los ciclistas, sobre todo para los que no entran en los relevos, se comen el viento y empiezan a quedarse cortados. Pero no adelantemos acontecimientos, vamos a ver por donde sopla el viento.

En esta imagen puedes ver dos abanicos y en este caso el viento sopla de la derecha. Por eso los corredores van escalonados de derecha a izquierda, tratando de protegerse del viento. En esta misma imagen tienes las tres claves para que se forme un abanico: Una carretera recta y larga, viento fuerte de costado y, sobre todo, un equipo o unos corredores con ganas de romper la carrera. 

En la foto de arriba ya han logrado hacer un corte en el pelotón así que el primer grupo está realizando una formación de abanico ofensivo y el segundo grupo está en formación de abanico defensivo. Los primeros quieren abrir aún más distancia con los segundos, mientras que estos tratan de cerrar el hueco. En ambos grupos (se ve mejor en el segundo que en el primero) hay una serie de corredores que están dándose relevos para ir en cabeza porque es la mejor forma para ir rápido gastando solo las fuerzas necesarias. Estos ciclistas van en dos filas escalonadas que en este caso van rotando en el sentido de las agujas del reloj, suben por el lado protegido y bajan por el lado de donde viene el viento. Si el viento soplase de la izquierda, la formación sería de izquierda a derecha y la rotación sería contraría a las agujas del reloj.

Las tres claves anteriores son fundamentales para la formación de abanicos, pero también es muy importante la organización, la fuerza de los corredores o del equipo para provocar el abanico, y por supuesto la posición y el timing justo para provocar el corte. Porque el corte se produce cuando un equipo o un grupo de corredores reducen el espacio de protección y fuerzan a más corredores a quedar totalmente expuestos al viento sin poder entrar en los relevos. 

¿Cómo se reduce el espacio de protección? En la primera imagen vemos que la carretera es muy ancha, hay sitio de sobra para que todos los corredores se protejan del viento. Los primeros corredores de cada grupo van situados bastante a la derecha de la carretera permitiendo que el resto se proteja del viento. Pero si en la primera imagen los que van en cabeza se desplazan hacia la izquierda, reducen el espacio de protección. 


Esta captura es del mundial de ciclismo en ruta celebrado en Doha en 2016. Una carrera que se rompió cuando aún quedaban 177 kilómetros para el final por el movimiento táctico de la selección británica que, como podéis ver en la foto, colocó a 4 corredores en cabeza, dejando menos de la mitad de la carretera para que el resto de corredores se puedan proteger del viento. Esto provocó que no hubiese espacio para todos y muchos quedaron expuestos al viento que en este caso les sopla desde la izquierda. En la foto se puede ver como ya se empieza a cortar el pelotón. Si queréis saber cómo terminó la historia o rememorar aquel mundial de viento, arena y camellos (porque público lo que se dice público no es que hubiese mucho), aquí lo tenéis.

Explicar los abanicos con palabras a veces es muy complicado, pero para eso están las fotos y los videos.


Este de Eurosport lo explica a la perfección tomando como ejemplo la perfecta estrategia y coordinación del equipo Lotto Soudal en la tercera etapa del Tour de Turquía de 2016. Un equipo belga con 4 belgas organizando primero el abanico y después reduciendo el espacio para que solo los corredores del equipo entrasen a relevos  (se nota que están acostumbrados al viento), dejando al resto expuestos al viento y sirviendo en bandeja a su sprinter, el alemán Andre Greipel, el que quizás haya sido el sprint más sencillo de toda su carrera. Imagino que esa noche el “gorila” agradeció más que nunca a sus compañeros el trabajo realizado mientras terminaban la cena con café turco y baklava.

Lo realmente apasionante y duro de los abanicos es que los ciclistas y los directores deportivos de los equipos saben cuándo se pueden producir y que, si sopla viento lateral y hay una carretera recta, tienes el combustible para que un grupo de corredores o un equipo encienda la mecha y comience el espectáculo. Aún sabiéndolo y avisando a los corredores para que estén atentos, bien posicionados y agrupados, la carretera es la que es y las fuerzas tienen un límite. Muchos favoritos de grandes vueltas han quedado cortados perdiendo sus posibilidades de victoria en la general, otros han dado un vuelco a la clasificación y en muchas clásicas los abanicos han sido decisivos en el resultado final. 

Si eres ciclista y compites es muy posible que en alguna carrera te toque lidiar con el viento de costado. No es nada sencillo rodar en abanicos porque requiere todo lo que ya te hemos contado: posición, organización, concentración y fuerza. No te puedes despistar ni un segundo porque si pierdes la rueda y no entras en el corte, estás perdido. Da igual la fuerza que tengas, solo no vas a ir muy lejos. Mejor dejarse caer al segundo grupo, organizarse en abanico, empezar a relevar y tratar de cerrar el corte. Los relevos han de ser cortos y sin tirones, manteniendo la mayor velocidad posible de forma constante. No des relevos demasiado fuertes porque obligas al ciclista al que acabas de relevar a pedalear más fuerte para coger tu rueda y protegerse del viento. Por otra parte, es mejor entrar en los relevos que quedarse en la cola. Entrando a relevar tendrás momentos de “descanso” y además estarás en cabeza. En cambio a cola del grupo puede que estés más “cómodo” pero estás en el filo, quizás rozando el borde la carretera, y cualquier movimiento o despiste te hará perder la rueda y quedar cortado.

Si no eres un ciclista de competición rara vez te tendrás que enfrentar a la tortura de los abanicos, pero algún día sí que te las verás con el viento. Para algunos es el mayor enemigo del ciclista. Una agonía cuando pega de cara y vas solo, y un peligro si es fuerte y de costado. Sople de donde sople, un chaleco como el modelo Crosswind, o cualquiera de los otros cortavientos que puedes encontrar en Siroko, es un buen aliado para protegerse del viento.

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